LA LEYENDA DEL NORTE DE ETIOPÍA

Personaje legendario con base histórica (o no) y protagonista en pasajes tanto de la Biblia como del Corán. ¿Mito o realidad? Así es como se presenta a ojos occidentales la Reina de Saba, la ardiente amante (según su representación más cinematográfica), hay que situarla en Axum, la mítica ciudad del norte de Etiopía.

De si realmente acudió en expedición a visitar al rey Salomón a Jerusalem y sus consecuencias (engendrar al hijo de ambos, Menelik) queda a expensas de la historiografía, aunque por la antigua Abisinia pocos los dudan.

Y es que así es Etiopía en general, y el norte del país en particular. Un territorio fascinante que navega entre la Historia y la leyenda.

Pero detengámonos en el norte. Si ya de por sí Axum es visita obligada en el norte del único país no colonizado de África (su campo de estelas, la catedral de Tsion Maryam o el parque del rey Exana), el viaje merece más paradas. Lalibela, Gondar o Bahar Dar, sin ir más lejos.

Las iglesias excavadas en roca de Lalibela, el centro de peregrinaje del cristianismo ortodoxo etíope, merece el apelativo de destino de leyenda. Su disposición, arquitectura pero, sobre todo, el halo religioso que desprende es único en el continente.

A una jornada de viaje por carretera (o una hora en avión) encontramos Bahar Dar. Ciudad colorida y tranquila que se mece en las aguas del lago Tana, salpicado de pequeños templos con tesoros únicos.

Fue escenario de las peripecias de Pedro Páez, jesuita español y aventurero, al igual que la siempre impactante cascada de Tississat.

No muy lejos de aquí, (a unas 3 horas y media por carretera) nos volvemos a sumergir en la leyenda de, ahora, Gondar.

La “Camelot africana”, el espectacular conjunto de castillos, dicen que fue fuente de inspiración de El Señor de los Anillos. Sea como fuere, centro de gran valor histórico y punto de partida idóneo para las montañas Simien.

La leyenda del Norte de Etiopía es uno de los viajes imprescindibles de un país también conocido por sus campeones de atletismo.

Podríamos complementar una ruta por Etiopía con el desierto del Danakil y el volcán Erta Ale, la fascinante riqueza etnográfica del sur (con los Hamer, Mursi, Karo o Dassanech), la amurallada ciudad de Harar o los parques nacionales como las Bale Mountains o Nechisar Park.

Lugares todos ellos que, al menos para muchos etíopes, también están cargados de leyenda.

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