Burton, Speke y la lucha por el enigma de las fuentes del río Nilo

África es el más literario de los continentes. Durante siglos, la cartografía incompleta no solo ha reunido a los científicos más prominentes de cada rincón del planeta para desentrañar sus misterios, si no que ha hecho correr ríos de tinta en torno a la exploración del mismo.

El Nilo, el majestuoso río de más de 6.600 kilómetros de longitud, ha sido protagonista ejemplificador en ambos casos. Desde los antiguos egipcios hasta Heródoto (el famoso geógrafo griego) o Napoleón, el origen de esta fuente de vida ha sido motivo de interés creciente.

XIX, el siglo de las exploraciones a África

Un viaje eterno que nos lleva hasta el siglo XIX. Aquí nos detenemos con una de las historias más fascinantes de la exploración: la lucha por el enigma de las fuentes del Nilo y, por ende, la del indomable Richard Burton y el ambicioso John Hanning Speke.

Pero pongámonos en situación.

Estamos en una época en la que las potencias europeas viven obsesionadas en cartografiar los últimos rincones del planeta con la “noble” intención de extender sus tentáculos coloniales. África y sus infinitos recursos naturales constituían un suculento plato difícil de obviar.

En esta tesitura y con un interés creciente por Egipto y sus tesoros, ubicar el nacimiento del Nilo se convertía en una carrera de fondo. Un trofeo geográfico que reclamaba para sí la Inglaterra victoriana. Aguerridos aventureros acaudalados y otros menos pudientes, pero de la mano de la influyente Royal Geographical Society se lanzaron de cabeza al ignoto corazón del continente negro.

Dos exploradores y un destino

Richard Burton, un empedernido literato, políglota, desarraigado y que había conseguido, disfrazado de derviche afgano, “infiltrarse” en La Meca, es enviado con la noble misión de descubrir las fuentes del Nilo en 1854, acompañado del que sería su futuro archienemigo: el teniente John Speke. Cuatro meses de penurias, ataques y contratiempos en Somalilandia dejaron a ambos malheridos y lejos del sueño de Heródoto y Ptolomeo.

Dos años más tarde, en 1856, el dúo (encabezado de nuevo por Burton como jefe de la expedición) se adentra (ahora sí) en las entrañas de África desde Zanzíbar por regiones que ningún otro hombre blanco había pisado. No lo hacen solos. Con un séquito infinito y un personaje que, no por poco reconocido es menos importante: Sidi Mubarak, conocido por Bombay. En realidad, el gran artífice de un éxito, a pesar de su poco reconocimiento durante la época.

A partir de aquí unas tribulaciones que distaron mucho de ser placenteras. Ataques violentos, enfermedades, hambre… hasta que en 1858 quedan deslumbrados (bueno, Speke no, que se había quedado medio ciego) por el lago Tanganika.

Y viene la primera de las polémicas. Burton asegura que en las entrañas del Tanganika están las fuentes del Nilo, pero Speke, que prolonga la expedición cuando su jefe está medio moribundo en el lago y se traslada al lago Victoria, dice que este último es el origen del esperado descubrimiento.

Speke regresa antes a Inglaterra y aprovecha la coyuntura para darse bombo y platillo sobre la buena nueva. Se atribuye el mérito, se deja loar por la sociedad mediática y se convierte, a partir de ese instante, en enemigo acérrimo de Burton. Sin embargo, ha resuelto la ecuación geográfica del mundo occidental que será corroborada, años más tarde, por una nueva expedición, ahora sí, comandada por Speke.

Tantas idas y venidas concluyen con un fascinante debate público entre ambos (recuerden, con el descubrimiento del Nilo de fondo) para discernir el autor de ser el primer occidental en ver la “fuente de los Dioses”.

La segunda de las polémicas.

Un duelo que enfrentaría al carismático (y buen orador) Burton con Speke. Una lucha dialéctica desigual que finalmente no pudo producirse porque Speke se suicidó poco antes del multitudinario acto.

Un periodista estadounidense (originario de Gran Bretaña) de nombre Stanley ratificaría años después la teoría del malogrado Speke y, mientras tanto, el bueno de Burton continuaría de consulado en consulado y traduciendo Las Mil y Una Noches a la lengua Shakespeare, entre otras..

Interesante, ¿verdad? Si quieres saber más te recomiendo un libro que profundiza en la relación de estos íntimos enemigos: “El río de los dioses” de Candice Millard.

Un buen ejercicio para ponerse el salacot y soñar despierto con el enigma de las fuentes del Nilo.

Texto: Rafa Martín.

Fotos: Toni Espadas y Rafa Martín.

Interacciones con los lectores

Comentarios

    • Gracias por tus comentarios Juan José. Lo cierto es que la causa oficial de la muerte de Speke es un disparo fortuito de caza antes del gran debate sobre el origen del río Nilo. Precisamente Burton, su contrincante, difundió la teoría que se había suicidado para evitar admitir un error en sus descubrimientos. A día de hoy los historiadores no se ponen de acuerdo y se barajan ambas posibilidades. Por desgracia nunca sabremos la verdad absoluta. Un saludo y gracias de nuevo por leernos.

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