La juventud, la verdadera riqueza de África

Adolescente de la etnia gumuz en Etiopía cuida de dos bebés en su aldea / Toni Espadas.

Cada 25 de mayo, el mundo celebra el Día de África, una fecha para reflexionar sobre los desafíos y oportunidades del continente. Si bien África es conocida por su diversidad cultural, sus vastos recursos naturales y su historia de resistencia, su mayor tesoro es su juventud. Con la población más joven del mundo, el continente tiene en sus manos un enorme potencial para la transformación social y económica.

El 70% de los habitantes de África subsahariana es menor de 30 años. Mientras que los menores de 15 años representan casi el 41% de la población total. Un número tan elevado de jóvenes es, sin duda, una gran oportunidad para la transformación de la región.

Si hay que destacar algunos rasgos de la juventud africana, estos pueden ser su energía, creatividad y potencial para impulsar el cambio económico y social que África necesita. Pero esta no es una tarea fácil. Numerosos obstáculos hacen arduo asumir este liderazgo.

El primero al que tienen que enfrentarse es el de la educación de calidad. Aunque las tasas de escolarización han aumentado en el continente en las últimas décadas, todavía son insuficientes para alcanzar un desarrollo óptimo. Varios informes muestran que casi el 60% de los jóvenes entre 15 y 17 años no asisten a la escuela en África subsahariana. A ello se suma el nivel de calidad educativa, así como las diferencias de género: las niñas suelen abandonar la escuela antes que los chicos. Estos datos son más elevados en las zonas rurales que en las urbanas.

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Estudiantes de la etnia suri en Koka (Etiopía) / Toni Espadas.

La falta de una educación de calidad también dificulta el acceso a trabajos dignos. Un tercio de los jóvenes africanos está desempleado y desanimado. Otro tercio tiene empleos vulnerables. Solo uno de cada seis tiene un trabajo asalariado. Los jóvenes enfrentan una tasa de desempleo que es aproximadamente el doble de la de los adultos, con variaciones significativas por países. El verdadero problema no es solo la falta de trabajo, sino el subempleo, que alcanza su punto máximo en poco más de la mitad de los jóvenes en edad de trabajar en los países de bajos ingresos.

Pero la educación, el empleo y la pobreza no son los únicos problemas. También están la desigualdad de género, los conflictos armados, el cambio climático o la falta de infraestructuras. Por eso, son muchos los que tienen en mente migrar con la esperanza de que el nuevo destino (las grandes urbes del continente o países extranjeros, no necesariamente fuera de África) les ofrezca las oportunidades y el nivel de vida que en sus pueblos y aldeas no pueden lograr.

Niños jugando al Mancala
Niños jugando al Mancala, un juego tradicional africano en Etiopía / Toni Espadas.

Pero también son muchos los que deciden quedarse en sus lugares de origen y luchar para que las cosas cambien. Y lo hacen a pesar de las dificultades y la falta de medios. Buscan soluciones locales que den respuesta a esas carencias y problemas. Ellos son los que realmente están impulsando el cambio en África.

Hace algunos años, el grupo keniano Suti Sol resumía esta realidad en su tema Live and die in Afrika. Cada vez son más los jóvenes que asumen este himno: quieren vivir y morir en África y dejar su huella en ella. Son los que se han organizado y, gracias a la difusión que les otorgan las redes sociales, han convocado pequeñas revoluciones que han hecho caer dictaduras o provocado cambios políticos en distintos países del continente. Son ellos y ellas los que han salido a la calle para reclamar libertad y defensa de los derechos humanos, aunque esas acciones les llevasen a la cárcel o incluso les costase la vida. Los que están configurando el presente y el futuro de África.

Recorriendo los caminos del continente, he encontrado a algunos que han dejado en mí una impronta muy especial por el liderazgo que asumen.

En Uganda conocí a Victor Ochen que ha pasado gran parte de su vida en un campo de personas refugiadas para no ser reclutado por el Ejército de Resistencia del Señor (LRA, en inglés) liderado por Jospeh Kony. Sobrevivió con una sola comida al día, casi sin ropa ni zapatos. No tuvo unos hasta los 14 años. Desde pequeño trabajó: vendió carbón, cultivó los huertos de otras personas o cualquier otra oportunidad que le saliese para poder pagarse los estudios. Ante el sufrimiento y la falta de oportunidades del campo de desplazados, muchos jóvenes se unían al LRA o al Ejército ugandés. Sin embargo, Ochen decidió que nunca cogería un arma ni aprendería a disparar un fusil. Por eso fundó African Youth Initiative Network (Ayinet) para crear agentes de paz en todo el continente que puedan decir no a la violencia y centrarse en la construcción de sociedades más justas e igualitarias para todos. Piensa que el futuro de África está en los jóvenes que se plantan y se niegan a ser herramientas de la injusticia y la guerra, la violencia, el tribalismo y las dictaduras morirán.

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Venta de carbón por la deforestación en un mercado de Angola / Toni Espadas.

En Kenia me encontré con Nice Nailantei Leng’ete, que con solo ocho años huyó de su aldea masái para no sufrir Mutilación Genital Femenina (MGF). Una práctica que marca el paso de la niñez a la edad adulta y que está relacionada con el matrimonio infantil, los embarazos precoces y el abandono escolar de las niñas. Ahora esta activista contra la MGF ha cambiado la vida de muchas jóvenes masáis que dicen no a esta tradición que es una violación de los derechos humanos. Recorre las aldeas de su pueblo en Kenia y Tanzania hablando contra la MGF y de la importancia de que las niñas permanezcan en el colegio y estudien.

A Silas Siakor lo conocí en Liberia. Es un activista ambiental y de derechos humanos que lucha contra la deforestación en su país. La degradación de los bosques liberianos ha causado no solo la desaparición de gran número de animales, sino también la expulsión de miles de ciudadanos de su entorno natural. Todo para que las empresas multinacionales se enriquezcan sin dejar casi beneficios para los ciudadanos.

Timothée Emini será el primer pigmeo baka en conseguir un doctorado en su país, Camerún. Derecho medioambiental es el sujeto de su tesis. La discriminación que a lo largo de su vida ha sufrido por ser parte de este pueblo le ha llevado a luchar por los derechos políticos y sociales de su gente desde su organización, Okani. Busca el despertar de un pueblo que ha sido expulsado de su hábitat natural, la selva, y que intenta adaptarse a las nuevas condiciones de vida que le han impuesto.

hombre baka
Hombre de la etnia baka realiza sus tareas cotidianas de recolección y caza / Toni Espadas.

Estos son solo algunos de los ejemplos de personas que dedican su juventud a mejorar la vida de sus conciudadanos. Que no temen las consecuencias que esta lucha pueda conllevar. Es por eso que podemos afirmar que la verdadera riqueza del continente no son las materias primas, sino estos jóvenes, y muchos más, que están forjando la nueva África.

Texto: Chema Caballero

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