Un tema muy presente en los autores africanos, independientemente de la época o el país en el que escriban, es el de la identidad africana. ¿Qué significa ser africano o africana en un mundo globalizado como el actual? Evidentemente, la pregunta no tiene una respuesta única en las literaturas africanas, porque África no es una sola cosa. Sin embargo, al leer las obras de los autores africanos se encuentran claves, ideas, tensiones y constantes que muchos de ellos han explorado.
Algunos de los pioneros asumieron la tarea de reconstruir o redefinir la identidad africana tras el impacto del colonialismo europeo, que borró memorias, lenguas y estructuras culturales. Para ellos, la literatura sirve para desmentir representaciones coloniales y recuperar una mirada africana propia. Esto es algo que se encuentra en obras como:
Todo se desmorona, de Chinua Achebe: Un clásico que cuenta el choque entre la cultura igbo y el colonialismo británico desde la perspectiva africana. Recupera la identidad y revaloriza las tradiciones locales.
Un grano de trigo, de Ngũgĩ wa Thiong’o: Sitúa a sus personajes en un momento histórico en que Kenia está a punto de independizarse del dominio británico. La novela no ofrece una respuesta simple: muestra que la identidad africana es colectiva, histórica, conflictiva y cambiante.
Pero también, muchos de los novelistas africanos se preguntan qué hacer con la historia colonial, porque ya es parte de ellos mismos. Preguntas como: ¿Podemos definirnos hoy sin el marco colonial?, ¿debemos recordar y resistir, o reinventar y avanzar? o ¿qué partes de la historia recuperar, reescribir o sanar? están presentes en muchas obras. Para estos autores, ser africano/a es reconstruir la identidad después de una ruptura histórica:
Condiciones nerviosas, de Tsitsi Dangarembga: La protagonista de esta historia enfrenta la tensión entre la asimilación forzada y la resistencia cultural, decidiendo qué aspectos de la historia colonial aceptar. Explora cómo la educación y la religión colonial afectan a su identidad en un contexto colonizado y patriarcal.
Mi carta más larga, de Mariama Bâ: En esta novela, la escritora senegalesa reflexiona sobre qué valores conservar y cuáles cuestionar, en un proceso de reconciliación con la historia y la sociedad poscolonial. Aunque centrada en la vida femenina, aborda cómo la modernidad y la educación heredadas de la colonización afectan a las tradiciones.
Otros autores parecen decir que ser africano/a es vivir en tensión entre tradición y modernidad. Suelen ver la identidad africana como un equilibrio delicado entre lenguas y saberes tradicionales. Modernidad, urbanización, tecnologías. Herencia colonial e independencia. Migraciones internas del campo a la ciudad. Migraciones externas (diásporas). Para ellos, ser africanos implica negociar entre dos mundos, sin perder las raíces. Algunos ejemplos:
Las delicias de la maternidad, de Buchi Emecheta: Se trata de una crítica muy poderosa a cómo el colonialismo y el capitalismo desplazan tradiciones comunitarias. Cómo la ciudad redefine los roles familiares o cómo la maternidad tradicional ya no garantiza seguridad a una mujer.
Gritos y furia de una mujer, de Angèle Rawiri: La escritora gabonesa muestra que el cuerpo femenino es el primer territorio donde la mujer africana experimenta la fractura entre moral tradicional y autonomía contemporánea. Igualmente analiza cómo la ciudad puede ser moderna, pero las familias siguen ancladas en las tradiciones. Por eso, la mujer moderna debe negociar su autonomía dentro de una familia que sigue regida por normas patriarcales precoloniales y coloniales.
Algunos escritores opinan que ser africano/a es habitar identidades múltiples. Para ello ser africano/a no es una esencia, sino una experiencia múltiple, que puede incluir: haber nacido en África, tener ascendencia africana, vivir entre varias culturas, hablar lenguas mixtas, moverse entre continentes, pertenecer a comunidades diversas, negociar racismo, migración o diáspora.
Así, la identidad africana se convierte en un conjunto de capas, no en una identidad uniforme. Como muestra valgan las novelas:
Americanah, de Chimamanda Ngozi Adichie: Esta obra sigue a Ifemelu, una joven nigeriana que emigra a Estados Unidos y años después regresa a Nigeria. En el camino, vive en carne propia cómo cambia su identidad: En su país era ‘nigeriana’, en Estados Unidos pasa a ser vista como ‘negra/africana’. El libro aborda la diáspora, el racismo, la pertenencia, el choque cultural y la tensión entre raíces africanas y vida occidental.
Ciudad abierta, de Teju Cole: Aunque la novela transcurre en una ciudad occidental como es Nueva York, su protagonista tiene raíces nigerianas, y la obra articula una reflexión sobre la identidad, la migración, la memoria y cómo el yo se redefine en un espacio distinto al natal.
Ser africano/a no significa estar anclado en el pasado, sino reinventarse continuamente. Según los escritores que sostienen esta opinión, la identidad africana también es creativa, tecnológica, orientada al futuro y capaz de imaginar mundos nuevos. Entre las obras que exploran esta perspectiva, se pueden citar:
Lagoon, de Nnedi Okorafor: Esta novela mezcla contactos alienígenas con mitología, magia, tradición y un Lagos contemporáneo transformado. Imagina un mundo donde lo fantástico convive con lo urbano, resignificando la identidad africana a través de lo sobrenatural, lo mítico y lo futurista.
Osiris Rising, de Ayi Kwei Armah:El escritor ghanés sugiere una visión de África como entidad dinámica, con posibilidades de transformación. A través del mito y del presente africano, realiza una reflexión sobre cómo podría renacer una identidad africana descolonizada, reconectada con su historia y con un futuro consciente.
Finalmente, hay escritores que opinan que la identidad africana también se expresa en la lengua. Escribir en una lengua africana es un acto de afirmación cultural. Autores como Ngũgĩ wa Thiong’o que utilizaba el Kikuyu, Boubacar Boris Diop, que escribe en wolof o Nuruddin Farah en somalí, son algunos representantes de esta corriente. Sin embargo, otros afirman que usar lenguas coloniales (inglés, francés, portugués, castellano o árabe) no invalida la identidad, sino que la hace más híbrida. En esta línea se sitúan, por ejemplo, Chinua Achebe, Ama Ata Aidoo, Jennifer Nansubuga Makumbi, Fatou Diome o Binyavanga Wainaina. Ambas opiniones están en lo cierto, así que se puede concluir que ser africano/a también es habitar múltiples lenguas y modos de narrar.
Como se ve, no existe un consenso entre los escritores del continente sobre qué significa ser africano o africana hoy día. Sin embargo, la literatura se presenta en este tema como un espejo, un archivo y una herramienta para reflexionar sobre quiénes son los africanos y quiénes quieren ser en un mundo globalizado.
Texto: Chema Caballero











Justo Bolekia Boleká dice
Como siempre, en este pertinente análisis del amigo Chema Caballero, los escritores guineoecuatorianos parece que hayan aportado algo en esa cuestión. Si es así, está claro que los detentores del hispanismo africano son víctimas de la exclusión que en España llevan imponiendo a los escritores guineoecuatorianos. Sin reconocimiento no hay interés. Gracias, Chema, por este rápido análisis
Rift Valley dice
Gracias por tus palabras y por seguirnos. No podemos albergar en esta sección todos los autores africanos y, por eso, Chema se ha decantado por los que le parecieron los más relevantes por los puntos que estaba tratando; eso sí, como en todas las listas, bajo un criterio subjetivo. No obstante tomamos nota para posibles temas en nuestra sección.
Muchas gracias por tu comentario.