La riqueza etnográfica del norte del país africano
“Por otra parte, sus aclaraciones solían terminar siempre en un círculo que llegué a conocer bien.
-¿Por qué hacéis esto?- preguntaba yo.
-Porque es bueno.
-¿Por qué es bueno?
-Porque nuestros antepasados nos lo dijeron.
Entonces insistía astutamente:
-¿Por qué os lo dijeron vuestros antepasados?
-Porque es bueno. “
El pasaje es un extracto del libro “El Antropólogo Inocente”, de Nigel Barley, pero estoy seguro que alguien que ha tenido cierto contacto etnográfico en África ha vivido en mayor o menor medida una escena similar.
El libro, divertido compendio de un tipo que en los años 70 le da por conocer con profundidad a los dowayo, es lectura obligada de una visita a Camerún y, en especial, a los que quieran explorar las etnias paleosudanesas de los alrededores de los montes Vokre, en el norte del país.

Y eso hicimos. Con el libro de Barley como excusa, remontamos el norte del país en el tren nocturno que une la capital Yaoundé con Ngoundéré. Como el mismo protagonista, en la capital de provincia de Adamawa esperamos pacientemente la salida del lamido. El jefe local, religioso y espiritual, como cada viernes, protagoniza un rito saliendo del pertinente palacio, acompañado de su séquito, jefes barriales y músicos reales. Una escena de otra época.
Parada y fonda obligatoria en esta ciudad ubicada a 1300 metros de altitud para proseguir, como en el libro de “El Antropólogo Inocente” a la población de Poli y, de allí, a los dowayo.
Un pueblo conocido por su sistema de castas (el poder de los “brujos de la lluvia”), popularizado por el mencionado libro y con relación directa entre la lluvia, la fertilidad y la brujería.
No muy lejos, y según los expertos con pocas diferencias reseñables, se encuentran los dupá, ubicados al abrigo de los montes Vokre. Un trekking de unas dos horas y media desemboca en alguno de los poblados de esta etnia. Remotos (y bellos paisajes) con una población donde siguen muy presentes los ritos para provocar la lluvia. Una acampada entre sus chozas permite ver cómo viven y su relación con la naturaleza.

Más allá de dowayos y dupás, los koma. Aunque estos ya quedan lejos de la literatura de Barley, vale mucho la pena adentrarse a los Montes Alantika y conocer de cerca a una etnia, dividida entre los que “son del valle” y “son de la montaña”.
Para completar una experiencia única (y antropológica) por la zona finalizamos con los mbororo, grupo peul que orgullosamente continúa con su vida nómada ancestral (cerca de Poli se han sedentarizado poco a poco). Se les distingue por su porte estilizado, piel clara, pelo ondulado y un cuidado exquisito por el cuidado físico. Otra acampada al abrigo de un poblado mbororo para experimentar vidas ancestrales. Tampoco habla de esta etnia Barley en su volumen, porque bastante tenía con “sus dowayo”.

No importa. Dupás, mbororo, dowayo, komas…una amalgama tribal fascinante y recomendable. Para vivir (un poco) como un antropólogo (casi) inocente.
Texto: Rafa Martín
Fotos: Toni Espadas y Rafa Martín






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