Se trata de un grupo étnico bantú, que todavía hoy se muestra fiel al monarca del reino de Tooro: el rey Oyo Rukidi IV. Un pueblo cuyo nombre significa ceremonia y que les ha llevado a ser conocidos a nivel nacional como los ceremoniosos. Históricamente han representado todo un símbolo de la dignidad. Cuando alguien tocaba la puerta de sus hogares en busca de ayuda o simple compañía, se dedicaban a ellos en cuerpo y alma. Siempre con calma y atención exquisita, aunque según parece los tiempos modernos están acabando con esta generosa forma de relacionarse.
Sin embargo, lo que sí parece haberse perpetuado es su peculiar forma de otorgar nombres propios a los recién nacidos. 4 días después de nacer un varón o 3 días después de nacer una mujer, el consejo de ancianos se reúne para decidir con qué nombres serán bautizados. Nombres con un significado vinculado al día en el que se produjo el nacimiento y a alguna situación o circunstancia que acaeciese en dicho momento. Una costumbre de otro tiempo, que ha llevado a que hoy la mayoría de los batooro tengan un nombre cristiano y un nombre tribal.
Un “bautismo” al que hay que sumar el Empaako. La lista de los 12 sobrenombres sagrados para los batooro: Abooki, Abwooli, Acaali, Adyeeri, Akiiki, Amooti, Apuuli, Araali, Ateenyi, Atwooki y Okaali. Además de sus nombres y apellidos, cada miembro de la etnia recibirá uno de estos 12 sobrenombres como un distintivo que deberá portar con respeto, admiración y afecto el resto de su vida.
Una seña de identidad única, en un África que cada vez se parece más a occidente.
