Etnia khoisan

Sus cuerpos y rostros no se parecen en nada al resto de las etnias del continente africano. Ojos rasgados, piel clara, pelo corto, nariz chata y estatura baja son los rasgos que definen a aquellos humanos cuyo ADN es el más antiguo del mundo. Los khoisan en Botswana son el ejemplo vivo más elevado de la supervivencia humana.

Hubo un tiempo en el que habitaron en gran parte de África y reinaron en la inmensidad del Kalahari. Una vida libre y salvaje, en plena conexión con la naturaleza, que llegó a su fin cuando los colonos europeos irrumpieron en sus vidas entregadas a la caza y la recolección. De ahí el significado de su nombre: khoi, agricultores, y san, cazadores. Aquellos cuya sabiduría les permite diferenciar hasta 262 especies de animales y hasta 200 tipos de plantas, para saber qué llevarse a la boca, en un ecosistema donde la muerte acecha a cada instante.

Un pueblo que interpreta el fallecimiento como la invasión de los espíritus de sus antepasados en los cuerpos de las personas sanas. Almas procedentes del más allá, que tratan de llevarse consigo a los vivos y contra las que solo se puede luchar mediante el ritual del Baile de la Jirafa. Una lucha alumbrada por las llamas de una hoguera, en la que los sanadores Khoisan libran una batalla contra los espíritus para salvar las vidas de sus seres queridos.

Llegada la muerte dejarán los cadáveres a la intemperie u en el interior de una cabaña, antes de partir en busca de un nuevo hogar. Porque para ellos, lo material no tiene ningún valor y será la naturaleza quien haga desaparecer el cuerpo para fundirse con ella y enriquecer el ecosistema en el que siempre se han sentido libres.

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