Etnia himba o muhimba

Los himba son con toda seguridad una de las etnias más visitadas y fotografiadas de África. Más allá de la espectacularidad de sus peinados, el color de su piel y su cultura, aquellos que las visitan quedan prendados de su hospitalidad. Resulta imposible contener la sonrisa cuando conoces a las mujeres himba, quienes representan la alegría de un pueblo que vive, a lo largo de la región de Kunene, a ambos lados de la frontera que separa Namibia de Angola.

Al contrario que los handa, este pueblo es el ejemplo vivo de un modo de vida ancestral que ha permanecido intacto al paso del tiempo. Mantener un encuentro con las mujeres himba, supone ser testigo de un pasado cuya esencia permanece latente en cada rincón de sus aldeas.

Ellas son la fuente de autenticidad antropológica de su etnia. Impacta descubrir que jamás se duchan a lo largo de su vida y que aplican sobre sus cuerpos un proceso de higiene de lo más singular. Bañan su piel con los humos procedentes de la combustión de trozos de carbón y hierbas aromáticas. Posteriormente cubren sus cuerpos durante un tiempo con una manta, para que el agradable olor quede adherido a los poros de su piel. El primer paso, antes de cubrir todo su cuerpo con una pasta de arena roja mezclada con grasa animal que les permite protegerse de la luz del sol.

etnia himba
Mujer himba

Imponentes cuerpos de piel rojiza coronados por un peinado espectacular, cuyo tocado de piel de vaca llamado erembe y sus trenzas representan un importante valor en la cultura himba. Durante la niñez, dan forma a sus cabellos con dos trenzas a las que añaden extensiones llegada la adolescencia. Siempre colgando hacia delante sobre sus frentes, escondiendo parte de su rostro hasta el día que contraigan matrimonio. A partir de ese día, peinarán sus cabellos hacia atrás hasta el día de su muerte.

himbas Namibia

Agrupados en aldeas formadas por tres núcleos familiares, los himba viven en casas circulares hechas de adobe y estiércol. Construcciones levantadas por las propias mujeres y que componen los asentamientos cuya zona central queda reservada para el corral de las vacas. El lugar en el que son enterrados los niños himba tras su fallecimiento y que a su vez, protege a las reses durante la noche frente al asalto de ladrones y al ataque de depredadores. 

Junto al corral, las familias mantienen prendidas las llamas de un fuego que consideran sagrado. Aquel que les permite comunicarse con sus antepasados y con su dios creador: mukuru. Cada vez que una mujer quiere cocinar se aproxima al fuego y porta con cuidado parte de las ascuas hasta el interior de su hogar. La llama de un pueblo que ningún viento, ninguna lluvia y ningún invasor ha conseguido apagar y que hoy recibe con los brazos abiertos a personas de medio mundo que ansían conocer a las mujeres himba.   

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