Etnia koma

Son conocidos como los habitantes de la cordillera Alántika. La cadena montañosa que se extiende al norte de Camerún, a lo largo de la frontera nigeriana, y que ha servido de refugio para este pueblo que no quiso doblegarse ante la llegada del islam y el comercio de esclavos. Por ello, en honor a la protección que les brindó la naturaleza, bautizaron a esta barrera natural con un nombre que significa “el lugar al que Allah no llega”.

De esta forma consiguieron mantener intacta su cultura y gracias ello, todavía hoy podemos ser testigos de la estética rastafari de muchas mujeres koma. El resultado de untarse el pelo con arcillas y aceites, de la misma forma que en un pasado remoto lo hicieron las madres de las abuelas de sus madres.

Actualmente los koma se dividen en dos grupos sociales: beiyas y damtis, aquellos que viven en las montañas, y los vomnis, aquellos que ya viven en las llanuras a los pies de la cordillera. Estos últimos, en su amplia mayoría, se han adherido al islam mientras que los primeros han conservado su espíritu animista y de rechazo hacia la invasión de la religión musulmana.

Buena fé de ello da el ritual flatulento que anualmente celebran los hombres beiyas y damtis. La ceremonia más conocida de esta etnia, en la que multitud de personas se juntan para bailar y tirarse pedos durante horas. Un festejo que más allá de resultar único y curioso, se cree que tiene su origen en la mofa hacia aquellos pueblos musulmanes que no consiguieron subyugarles.

Siempre se agradece un toque de humor, para escribir la historia de un pueblo que pronto habrá abandonado por completo las montañas que le sirvieron de escudo.

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