Los Konso habitan en las inmediaciones del lago Chamo y aunque históricamente han vivido en lugares remotos, a día de hoy podemos encontrarlos tanto en el mundo rural como en el urbano. Sus poblados suelen estar conformados por unas 20 casas, agrupadas en el interior de una empalizada de 4 metros de altura. Hogares divididos en dos pisos, el primero de ellos reservado para el ganado y el segundo para las personas.
Son muy conocidos por ser buenos comerciantes de algodón y por establecer colmenas artificiales en lo alto de los árboles para recolectar miel en abundancia varias veces al año. Una cultura que aún basa las creencias de su día a día en las bondades del dios creador Waga, con quien los sabios de cada comunidad contactan para dar respuesta a las grandes incógnitas de los konso.
Algunas de ellas vinculadas al sentido de la muerte, encuentran respuesta en la creencia de que todo aquel que fallece se convierte en fantasma. Un espectro que vagará para siempre en las sombras de la naturaleza. Porque es ahí donde los konso consideran que viven los espíritus malignos.
