El renacer del unicornio

Lleva miles de años caminando y pastando en las praderas y bosques de nuestro planeta. Es uno de los mamíferos más grandes de la naturaleza y a lo largo de su historia, no ha encontrado depredador cuadrúpedo que lo doblegue. Ni leones, ni leopardos, ni tigres, ni hienas, ni lobos han sido capaces de abatir al unicornio que el ser humano ha empujado al borde de la extinción. Una vez más, esta es la historia de un exterminio pero también de un renacer.

El Santuario de Rinocerontes de Ziwa representa una luz en medio de la oscuridad. Una reserva en la que hoy habitan los únicos 32 rinocerontes blancos de Uganda. Únicos por no decir primeros, ya que en 1983 estos herbívoros gigantes desaparecieron para siempre de las sabanas de “La Perla de África”. Una trágica consecuencia de la dramática guerra civil que azotó el país desde 1981 a 1986 y que sumió a los ugandeses en un baño de sangre que acarreó pobreza y hambruna. Presas de la desesperación y seducidos por el alto valor que adquirieron los cuernos de rinoceronte en el mercado negro, la ciudadanía y los propios militares encontraron en la caza furtiva una gran fuente de negocio y alimento. El mismo business que ha llevado a estos animales  a una situación crítica tanto en África como en Asia.

Países como Vietnam o China, promueven un comercio ilegal del cuerno de rinoceronte bajo la mentira de que su queratina sirve como remedio para curar el cáncer, la fiebre o apaciguar la resaca. Una farsa que ha empujado a que esta masa de pelo endurecida supere el valor de 60.000 dólares el kilo. Entre el año 2017 y 2021, 2707 ejemplares fueron cazados ilegalmente, de los cuales el 90% fueron abatidos en el Parque Nacional Kruger. Según WWF una media de 3 rinocerontes son asesinados cada día en nuestro planeta.

Son de sobra conocidas las imágenes en las que los cadáveres de los rinocerontes yacen sin cornamenta en la inmensidad de un paraje africano. Dramáticas escenas en las que los rangers encuentran a estas bellezas de 3 toneladas desangrándose, al borde de la muerte, después de que les hayan serrado el cuerno y parte de su hocico con una motosierra. Porque para el furtivo, el fin justifica los medios. Sobre todo si ese fin supone alimentar a su familia durante los próximos meses y a su vez soñar con una vida más digna. Si es que vivir con la mochila del asesinato le permite conciliar el sueño.

Un conflicto alimentado por la cara oscura del capitalismo, que lanza a los más necesitados a jugarse la vida a cambio de un puñado de dólares, mientras alguien sentado en un asiento de cuero lejos de allí, se embolsa el precio de la libertad del cazador encarcelado. La misma espiral sin salida que llevó a los rinocerontes de los parques de Kidepo y Murchinson Falls a desaparecer para siempre, dejando huérfana la naturaleza de Uganda. Esa que hoy espera con ilusión a que los 32 unicornios de Ziwa sean liberados en sus sabanas para restaurar el ciclo de la vida que quebrantó la guerra.

En el año 2005, el santuario fue fundado con la llegada de 6 ejemplares procedentes de Kenya y Estados Unidos. La semilla de un proyecto internacional que alcanzó su primer hito con el nacimiento de Obama, el primer rinoceronte 100% ugandés. A día de hoy, tras más de dos décadas de duro trabajo, la familia de Ziwa ya cuenta con más de treinta ejemplares que semanalmente son fotografiados por turistas de medio mundo, mientras miles de escolares ugandeses reciben educación para la conservación. Las nuevas generaciones serán testigos de la re-introducción de los rinocerontes en la tierra que les vio crecer y que lucharán con firmeza para que el renacer del unicornio perdure para siempre.

Texto y fotografías: Aner Etxebarria

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