Libia y su mar de arena

La noche se apaga lentamente, pero el paisaje parece más vivo que nunca. Ya sea obra de los djins (esas criaturas invisibles y sobrenaturales de la mitología musulmana) o, simplemente, de ese viento caprichoso y cambiante del Sáhara, el escenario sobre el que nos encontramos palpita. Brilla. Amaga con esconderse.

desierto Libia

Las dunas se intercambian con las rocas arenísticas de la meseta, los wadis y un repertorio tan desordenado como fascinante de pinturas y grabados rupestres. En este rincón del Sáhara, el Akakus compite con la belleza del Tassini N´Ajjer de Argelia, a apenas unos kilómetros al oeste. Ghat, esa ciudad anodina de gran pasado histórico, es la puerta de entrada del enclave. De poco vale almacenar en la memoria la belleza de N´Ajjer. Akakus, su hermano y prolongación geográfica libia, compite con su homólogo en grandiosidad. Arcos naturales de piedra, valles inéditos y, sobre todo, el reino del silencio. Patrimonio de la Humanidad por la Unesco gracias a sus representaciones humanas en forma de pinturas y grabados prehistóricos con una datación que se remonta del 12.000 a.C. al 100 d.C.

pinturas y grabados rupestres Sahara

Sí, el reino del silencio convierte una expedición en 4×4 en un guiño a la vida del conde László Almázy, un canto a la imaginación con rocas en forma de hongo o arcos que enmarcan paisajes lunares.

De la mano de un guía tuareg, el tiempo acostumbra a discurrir sin prisa como aledaño a otros secretos del Sáhara libio. Como Ubari, sus lagos y mar de dunas. Con una superficie aproximada de 58 mil kilómetros cuadrados este desierto se navega en todoterreno con pericia y paciencia. Desinflen sus neumáticos, sigan a los expertos y no no cejen en surfear por las dunas. Como premio, un baño en la salada laguna de Qbroun, otro escenario de película.

Acampar aquí también tiene premio si es que nos respetan los omnipresentes djins. El manto de estrellas, siempre y cuando nos deje la calima del viento sahariano, resulta indescriptible. La convivencia y un estado natural de conversión con el entorno hacen el resto.

ciudades Sebha Murzuq Germa
viaje a Libia

El este mar de arena tampoco podemos olvidarnos de ciudades como Sebha, Murzuq o Germa. Algunas, como esta última, asoman como antigua capital del pueblo garamante (importante pueblo entre los siglos VI a.C. y VIII d.C.). A través de las ruinas de su antiguo emplazamiento, vislumbramos lo que pudo ser un pueblo sedentario desarrollador de complejos sistemas de irrigación. Sobresale los foggara, un sistema de irrigación subterránea utilizada para captar agua del nivel freático en estas zonas desérticas y transportarlas, por gravedad, hasta los oasis.

Pero en el reino del silencio es recomendable poco más que seguir observando. Soñar con las antiguas rutas caravaneras, dejarse mecer por los vientos insondables del Sáhara y respetar el mar de arena de Libia.

Texto y fotos: Rafa Martín

oasis Libia

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