Probablemente el ecosistema más hostil del planeta está en Etiopia. Un infierno de calores extremos, vientos cargados de arena, nubes de azufre y magmas volcánicos, en el que la belleza de un aparente mundo sin vida se extiende más allá de cualquier horizonte.
El hogar de la etnia afar, los señores del desierto, cuyos miembros aún recolectan a mano pesados bloques de sal bajo un sol que supera los 50º de temperatura. Seres humanos preparados para sobrevivir a lo imposible, que cruzan el desierto más inhabitable junto a sus caravanas de dromedarios para vender en el puerto de Djibouti la sal que la naturaleza les ofrece.
Un inmenso paisaje en el que los amarillos, naranjas, verdes y rojos se entremezclan en las charcas de azufre que emergen del cráter de Dallol. En el que el resplandor de las erupciones del volcán Erta Ale ilumina la oscuridad de una noche en la que solo se atreven a aventurarse los escorpiones. Y en el que los Afar siguen creyendo que en el interior de los volcanes habitan espíritus malignos.
Una postal apocalíptica que hace más de 3 millones de años representó el hogar de Lucy. Nuestro ancestro humano más famoso y la mujer que cambió la forma de entender una parte del origen de nuestra especie.
Te puede interesar
Ruta Suri
Ruta Habesha
