Fundada en el siglo XI por los almorávides como asentamiento militar, Meknes, en Marruecos, se convirtió en capital durante el reinado del sultán Moulay Ismail (1672-1727), fundador de la dinastía alauita. El sultán la convirtió en una impresionante ciudad de estilo hispano-morisco, rodeada de altas murallas con grandes puertas, en las que aún hoy se aprecia la armoniosa mezcla de los estilos islámico y europeo del Magreb del siglo XVII.
Tras sus murallas, en lo que fue la Medina de la ciudad, se esconden monumentos claves. Entre ellos veinticinco mezquitas, diez hammams, palacios, grandes graneros, vestigios de fondouks (posadas para mercaderes) y casas particulares, testimonio, todo ello, de los periodos almorávide, meriní y alauita.