Tetuán tuvo una importancia particular en la época islámica, a partir del siglo VIII, como punto de contacto principal entre Marruecos y Alándalus. Después de la Reconquista de la Península Ibérica, la ciudad fue reconstruida por musulmanes expulsados desde España. De ahí que sus obras arquitectónicas y artísticas dejen traslucir una honda huella andalusí. Pese a ser la más pequeña de Marruecos, su Medina es indudablemente la más completa y la que ha quedado más a salvo de influencias externas.
La Medina de Tetuán está rodeada por una muralla histórica de unos 5 kilómetros de longitud y se accede a ella a través de siete puertas. El trazado urbano se caracteriza por calles principales que comunican las puertas entre sí y dan acceso a espacios abiertos (plazas y plazoletas) y edificios públicos como fondouks, mezquitas, y los barrios artesanales y comerciales, y por otro lado, por callejuelas que conducen a pasajes y zonas residenciales semiprivadas.