Se trata de un peculiar pueblo pesquero asentado en la orilla este del lago Albert. Una aldea rodeada de aguas termales y salinas que permite a sus habitantes combinar el negocio de la pesca con la venta de sal.
Hasta sus aguas termales acuden ugandeses procedentes de diferentes puntos del país así como turistas de medio mundo. Sin embargo, el verdadero valor de esta aldea no se encuentra en la superficie sino bajo tierra. Un gran yacimiento arqueológico de cerámicas, con más de mil años de antigüedad, que representa el gran tesoro de Kibiro en Uganda.

Si tienes suerte, podrás ser testigo de cómo los niños cantan sin cesar a principios de septiembre para que las termitas vuelen hasta sus casas. La mayoría terminarán en las sartenes de las cocineras, antes de ser degustadas en familia bajo la sombra de un humilde porche mientras que otras serán atrapadas al vuelo directamente por los dientes de los niños.
Un manjar crudo, que cada año envuelve en alegría y desenfreno a los vecinos de Kibiro.

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