Ankarana – Una reserva especial

Un desierto de piedras puntiagudas se erige al norte de una isla misteriosa. Ese podría ser el comienzo de una historia de aventuras, de expediciones a los confines del mundo o simplemente de una película de ciencia ficción. El paisaje de un universo remoto cincelado por la lluvia y los vientos del Océano Índico. Un lugar al que la etnia sakalava llama tsingy, para expresar en su lengua nativa que sus antepasados se vieron obligados a caminar de puntillas para no cortarse las plantas de los pies. Un laberinto de rocas que bien podría haber sido diseñado por Tim Burton y en cuyos alrededores habita una naturaleza salvaje de impresionante belleza. Estamos hablando de la Reserva Especial de Ankarana en Madagascar.

fauna Ankarana Madagascar

Rodeada por un ecosistema de bosque seco en el que mamíferos, reptiles y multitud de aves campan a sus anchas, Ankarana se muestra como un tesoro geológico escondido. Un gran paraje, aparentemente yermo, castigado por la luz de un sol, que obliga a imponentes boas y delicados camaleones a buscar alimento bajo las sombras de los árboles. Seres que sobrevivieron a la extinción de los dinosaurios y que hoy comparten junto a lémures grises y coronados, un paraíso que sueña con mantener su equilibrio natural. Armonía que depende directamente de la calidad de la biodiversidad que habita en la reserva.

Boa Mangabe Ankarana
cola camaleón Madagascar

Mientras los lémures seleccionan los frutos más apetecibles para saciar su hambre y esparcir de forma natural las semillas perpetuando el crecimiento del bosque, los camaleones y las aves encuentran en esa creciente masa forestal nuevos lugares en los que reproducirse. Un ecosistema en constante crecimiento, que permite prosperar a una gran variedad de insectos voladores sentenciados a muerte por los murciélagos que habitan en las cuevas de esta área protegida. Los mismos que acaban atrapados en las fauces de los ofidios que permanecen inmóviles a lo largo del día, como buenos oportunistas, suspendidos en el interior de las cavernas. Un ciclo vital cuya base se sostiene gracias a esos mismos árboles, que invitan a las nubes a descargar con violencia grandes cantidades de agua durante la época de lluvias.

lemúr coronado Madagascar

La estación en la que las cárcavas secas que surcan Ankarana vuelven a llenarse de agua, conectando la reserva por vía subterránea con las corrientes del Océano Índico. Una eclosión anual de vida, que lleva a este paraíso a mostrarse en su máximo esplendor. El mismo que se ha apagado para siempre en la mayoría de los antiguos bosques de Madagascar. La exportación de maderas nobles durante la era colonial francesa, la tala indiscriminada por parte de la población local para la fabricación de carbón vegetal y la incidencia del cambio climático, han transformado por completo el paisaje de la isla. Donde antes se extendía un verde lleno de vida, hoy predominan las inmensas superficies arcillosas. Una destrucción que le ha valido a Madagascar el apodo de “La Isla Roja”.

Dadas las circunstancias, perderse en Ankarana puede ser la oportunidad perfecta para viajar a un pasado remoto. Un tiempo en el que lémures, camaleones y boas, no habían experimentado la llegada del hombre hasta este laberinto de piedra sobre el que resulta imposible caminar. Un bosque de escamas de roca, que nos invitan a soñar con un inmenso dragón durmiente que aguarda cada año la llegada de la lluvia.  

Texto y fotos: Aner Etxebarria

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