Se trata del único parque marino de la República Democrática del Congo. Un bosque de manglares que separa la tierra firme de las aguas del Atlántico y que funciona como un agente natural muy eficaz contra el cambio climático. Un área de 25.000 hectáreas que mitiga la erosión provocada por la subida del nivel del mar y que emite a nuestra atmósfera parte del oxígeno que demandan nuestros pulmones.
Paraíso en el que habitan primates, cocodrilos, hipopótamos y manatíes. Animales salvajes que ocupan este humedal de importancia internacional, que representa la puerta natural de la República Democrática del Congo al océano y que se ha convertido en uno de los grandes destinos de las tortugas marinas.
Cada año miles de tortugas acuden hasta las playas de este parque para desovar. Un viaje cíclico que los lleva a retornar a las playas que las vieron nacer 15 años atrás, perpetuando un proceso migratorio que hoy recibe la ayuda de las autoridades congoleñas para asegurar su conservación.