Localizado en la zona central de Etiopía, este parque nacional se extiende alrededor de dos lagos unidos por una montaña que antaño fue un volcán. La Montaña Fike, desde cuya cima de 2075 metros de altitud pueden otear con facilidad las sabanas salpicadas por miles de acacias que rodean las aguas de ambos lagos.
Dos ojos de agua, de diferente color, un juego cromático creado por las sales y las algas de ambos lagos, en el que las bandadas de flamencos y pelícanos planean con delicadeza mientras las avestruces les observan con detenimiento bajo la sombra de las acacias.
Un parque diferente, en el que las hienas, los tejones, las gacelas y los caracales se mueven con sigilo entre la dispersa vegetación que cada vez se está viendo más reducida debido a la acción humana. La ganadería extensiva, la deforestación y el negocio del carbón amenazan cada año con disminuir la masa forestal que rodea ambos lagos. Y con ello, el hábitat de la naturaleza que les confiere una estampa tan especial.
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