Situado a 350 km al este de Addis Abeba en Etiopía, este santuario formado por praderas, colinas y bosques que invitan a perderse en la espesura, representa el hogar del Nyala de Montaña. Un antílope de gran tamaño, que llega a alcanzar los 300 kilos de peso y cuya retorcida cornamenta corona un musculoso cuerpo de suave piel parda combinada con elegantes motas blancas.
Un bóvido que desarrolla su vida por encima de los 3000 metros de altitud y que permaneció escondido, en el corazón de este santuario, hasta el año 1910. Por aquel entonces, el naturalista Richard Lydekker contó al mundo entero que un ser cuadrúpedo de gran tamaño habitaba en las montañas de la Etiopía más remota. Una noticia que supuso el inicio del declive de una especie endémica que hoy lucha por no sucumbir a la caza furtiva.
Considerada especie en peligro de extinción, el Nyala de Montaña permanece vivo en el imaginario de todos los etíopes. Su figura aparece acuñada en monedas, representada en logotipos de marcas y emblemas de negocios. Toda una paradoja de la vida para una joya de la naturaleza que siempre soñó con pasar desapercibida y que hoy encuentra en Kuni-Muktar su última esperanza.
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