Localizado en la costa noroeste de Namibia, este parque resulta tan silencioso como arriesgado para aquellos que no quieran respetar sus normas. Una interminable franja de costa, en cuyas arenas pueden quedar atrapados hasta los 4×4 más preparados. Un inmenso labio de área besado por las espumas del mar, sobre el que descansan una gran cantidad de buques naufragados. Monstruos de hierro que no fueron capaces de enfrentarse a la furia del mar y que hoy ven pasar la vida mientras los vientos y el salitre desintegran el acero de sus cascos.
Un paisaje atractivo para aquellos que quieran adentrarse en la máxima expresión de la soledad o que busquen domar la furia de las olas montados sobre sus tablas de surf.
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