UN SUEÑO HECHO REALIDAD
Este museo de la ciencia, que empezó a funcionar el año pasado después de que lo inaugurara el presidente del país, ha proporcionado un aliento de esperanza para la cultura de Angola y de África en general.
Después de más de 15 años de trabajo, interrumpido por la pandemia, un equipo multidisciplinar integrado por un numeroso grupo de profesionales ha hecho realidad este museo en Luanda. Coordinado por la empresa MUSE (dirigida por Emili Yglesias), han intervenido ATHENA (José Pedro Ferreira) del grupo Mitrelli, así como Hüttinger, la empresa que construía las instalaciones en Nüremberg. El objetivo fundamental es difundir la ciencia entre la población. Imposible citar a todos los participantes que me han acompañado en el proyecto porque han colaborado directamente más de 30 expertos de nuestro país, de Angola, Alemania, Israel, Hungría, Brasil, Suiza y Portugal; indirectamente, muchos más.

Su tamaño lo convierte en uno de los mayores del continente, junto con el Sci-Bono Discovery Centre de Johannesburgo, el Cape Town Science Centre de Ciudad de El Cabo, ambos en Sudàfrica, y el Museum of Science and Technology de Accra (Ghana).
El área de exposiciones ocupa más de 7.000 m2, que incluyen salas de exposición, un gran auditorio, que a su vez dispone de una pantalla Imax de 200 m² para proyección de cine de gran formato en 3D, un planetario híbrido (80 m2), y un videomapping en la fachada (más de 800 m2). Además, hay diversos espacios para actividades de taller y una sala para exposiciones temporales. En total, 11.600 m2 construidos, más otros 6.000 m2 exteriores. En el Imax se proyecta «Angola, the Soul of Africa», una película documental de Jordi Llompart que explora la riqueza natural, cultural y étnica del país (se realizó con la ayuda de Toni Espadas y la logística de Rift Valley).

Por sus dimensiones, te podrías perder, pero no sucederá porque está todo perfectamente indicado. Todas las salas son muy espaciosas, por lo que resulta agradable recorrerlas y están dotadas con las últimas tecnologías innovadoras de museografía, didáctica interactiva y divulgación científica. Están pensadas tanto para el público general como para escuelas, y son accesibles para minusválidos.
Por supuesto, encontraremos las secciones de Matemáticas, de Física, de Electricidad, de Mecánica, de Óptica, etc. etc. imprescindibles en un museo de la ciencia, pero hay otras que son bien originales, como las que hemos participado más directamente un equipo en el que me han acompañado principalmente Jordi Vives, Èlia Montagud, Carles Schnable y Belén Fernández-Villacañas.
- La denominada MIM, que significa “yo”, y ETU, que significa “y tu”. La primera trata sobre el funcionamiento del cuerpo humano y su origen evolutivo, nuestros ancestros, la genética y diversidad racial, la microbiología y las enfermedades, la alimentación y su importancia para la salud…
- Y en ETU encontramos los ecosistemas de Angola, su geografía, parques naturales, especies en peligro, diversidad etnográfica y cultural, mineralogía, producción de energía y recursos del país.
- Mención aparte merece la sala dedicada a los dinosaurios, que tiene especial relevancia porque en unas excavaciones de Angola los paleontólogos han descubierto una nueva especie de estegosaurio para la ciencia, el Angolatitan adamastor, por lo que el público, sobre todo escolar, está especialmente receptivo para este tema.
- Asimismo, están muy orgullosos de la “ciencia sobre ruedas”. Se trata de una flota de vehículos especiales con módulos de actividades para llegar a colegios y ciudades de todo el país, ya que hay pueblos muy remotos. Tengamos en cuenta que Angola es un país con una superficie que duplica sobradamente la de toda la Península Ibérica y la red de comunicaciones, aunque en constante mejora, está muy lejos del nivel europeo.
La segunda quincena de enero de 2025 hicimos una visita de inspección, en la que estuvo actuando de ayudante Elizabeth Gallo, y nos atendieron del equipo de dirección: Helder Francisco, Diogo Morais, Bruno Lucas y Ana Leticia. Todo fueron facilidades y teníamos libre acceso a todo el recinto, por lo que pudimos comprobar el perfecto funcionamiento de cada una de las instalaciones.

Finalmente, en esta visita avanzamos en la puesta a punto de un nuevo proyecto: el “Borboletário”. Consiste en un edificio adjunto al museo, pero muy especial: un espacio que, cuando lo recorra el visitante, se encontrará rodeado de mariposas que vuelan libremente. El planteamiento inicial lo realicé conjuntamente con el experto entomólogo Szabolcs Sáfián y posteriormente se incorporaron Beatriz Ana Sousa con Carlos Correia y resto del equipo, y recientemente Basilio Guerrero. Entre todos se ha conseguido que el área de vuelo esté llena de plantas y en perfectas condiciones de insolación, temperatura y humedad.
Para que este mariposario (o papilionario) funcione a pleno rendimiento se ha montado un laboratorio en otro edificio colindante histórico, la llamada casa secular. En un vivero crecen las plantas nutricias de las orugas que se crían en dicho laboratorio hasta que crisalidan y nacen los adultos para ser liberados en el área de vuelo, donde se aparearán y las hembras realizarán las puestas de huevos, de los que eclosionarán las nuevas orugas. También dispone de dos salas de exposición con fotografías, vídeos, microscopios… que introducen al visitante en el mundo de estos fascinantes insectos. Esperamos poder abrir el Borboletário al público este año.
En definitiva, el Centro de Ciencia de Luanda (CCL) es un complejo dedicado a la divulgación de la ciencia y la naturaleza y constituye un modernísimo centro que debería servir de modelo para otros países africanos que quieran culturizar y concienciar a sus ciudadanos.
Albert Masó
Biólogo Dr. en Ecología y Evolución, fotógrafo de naturaleza, guía de safaris y asesor científico de National Geographic
(Fotos: Albert Masó y Jordi Mollà)









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