La rumba congolesa se renueva

La rumba congolesa se está renovando. Este ritmo que nació a caballo entre Léopodville (Kinshasa) y Brazzaville en los años 40 del siglo pasado, está pasando por un rejuvenecimiento sin romper con la tradición. Se puede decir que se está realizando una relectura contemporánea del estilo, pero manteniendo su esencia mientras se adapta a los nuevos tiempos. 

A partir de 1930-1940, empezaron a llegar a los puertos de Matadi (República Democrática de Congo) y Point Noire (República de Congo) discos de 78 rpm de la mano de los marineros y comerciantes que hacían la ruta entre las costas africanas y el Caribe. Se trataba de son cubano y otros ritmos similares.

Pronto, los habitantes de las dos orillas del río Congo reconocieron en esos sonidos a aquellos que habían salido de aquellas tierras siglos antes. Transportados por las personas secuestradas para ser esclavizadas en las Américas, se habían mezclado por el camino con otros ritmos y, ahora, transformados, regresaban a su cuna. Por eso, no les fue difícil a los congoleños apropiarse de ellos e imprimirles su propia impronta. Añadieron guitarras eléctricas, percusiones locales y el lingala, la lengua franca de la zona, para las líricas. Fue así, como nació la rumba congolesa. Una reinterpretación de los ritmos caribeños con sabor africano.

Desde entonces, ha sido uno de los sonidos más importantes del panorama musical del continente. Grupos como African Jazz de Joseph Kabasele (Le Grand Kallé) y OK Jazz de Franco Laumbo Makiadi fueron los pioneros y los que se encargaron de llevar la rumba congolesa, en los años 1950-60, por todos  los rincones de África. Algunas de sus composiciones, incluso, llegaron a Europa y América. Por ejemplo, ‘Indépendance Cha Caha’ de Le Grand Kallé, se convirtió en un himno que acompañó a muchos de los nuevos países africanos en sus procesos de independencia.

En los años 70-80, la rumba congolesa empezó a evolucionar hacia otros estilos como el soukous, más rápido y bailable. Pero la esencia era la misma.

Luego, este género cayó en una especie de letargo durante años. En esta crisis tuvo mucho que ver el dictador de la República Democrática del Congo, Mobutu Sese Seko que utilizó la rumba congolesa como un instrumento para pasar consignas políticas. En los años 70, Mobutu impuso la política de Authenticité, que buscaba rechazar la herencia colonial occidental y promover valores y símbolos africanos ‘auténticos’. Así, la rumba congolesa fue resignificada como expresión propia y moderna de la nación, a pesar de sus orígenes mestizos. Además, Mobutu promovió que los músicos compusieran canciones que lo alabaran directamente o exaltaran su proyecto político. Eso llevó a que dentro y fuera del Zaire, como se llamaba entonces el país, se rechazase la rumba congoleña y, de ahí, parte de su declive.

Hasta que de repente a vuelto a sonar en todos los rincones del continente. O así, a mi me lo parece. Estoy en un taxi en Abiyán, en medio de uno de sus grandes atascos, y la radio del coche emite temas de Fally Ipupa en cadena. Me siento en un maquís en la Casamance senegalesa y los altavoces del local escupen los temas del mismo artista. Y, así, da la impresión que este ritmo me persigue. Parece gustar a todo el mundo. ¿Qué ha pasado para que la rumba congolesa vuelva a ponerse de moda?

Pues que a la rumba congolesa ha llegado nueva sangre, con Fally Ipupa a la cabeza, y se está renovando. Estos artistas han introducido nuevos instrumentos, tecnología de producción y fusiones con otros géneros como el afrobeats, le hip-hop, la elecetrónica o el jazz. Sus letras reflejan la realidad actual, tanto social, como política o cultural, lo que contrasta con las temáticas más tradicionales de amor y vida cotidiana. Pero quizás, sea Koffi Olomidé el pionero de este renacer de la rumba congolesa y uno de los artistas que más ha hecho por su internacionalización. Para ello, ha realizado numerosas colaboraciones con músicos de otros países y ha mezclado su música con los estilos propios de sus colaboradores. Como esta fusión de reggae y rumba congolesa que hace junto al marfileño Alpha Blondy: ‘Je ne suis pas fâché’.

Como señalábamos antes, Fally Ipupa es el representante más emblemático de la rumba
moderna. Combina elementos clásicos de rumba congolesa con producción urbana y sonidos
internacionales, acercándose al R&B o, incluso, al pop. Un ejemplo de lo que hace es ‘Sweet life
(La vie est belle)’, un tema significativo en su carrera por mezcla rumba congolesa, R&B y estar
cantada en varios idiomas, lo que le dio un alcance muy amplio.

Ferre Gola es el otro artista que mantiene viva la esencia de la rumba tradicional, pero con
arreglos más pulidos y contemporáneos. Uno de sus éxitos que más repercusión ha tenido es
‘Ekoyebana Dedicace’.

A estos dos les siguen muchos otros. Quizás, que en 2021, la rumba congolesa fuera declarada
por la Unesco Patrimonio de la Humanidad haya impulsado, también, este nuevo interés, tanto
dentro como fuera de los dos Congos, revitalizando su prestigio y motivando a músicos jóvenes a
preservar y renovar el estilo.

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Comentarios

  1. Fantástica introduccion a la rumba congolesa y su historia. Muy acertado en todo, aunque heche de menos a Tabu Ley, Zaiko, Mbilia Bel, Aurlus Mabele y otros. Pero me imagino que escribes un artículo, no un tratado. Enhorabuena, me ha gustado.

    • Gracias por tu comentario Juan. Es cierto que podríamos haber incorporado más, pero el artículo de Chema, como bien dices, es solo un artículo, no un tratado. Gracias de nuevo.

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