Piérdete por Yaundé

África en miniatura, así llaman a Camerún. Un país inmenso que se extiende desde el Sahel a las playas del Atlántico o las selvas profundas de la cuenca del río Congo. Toda una variedad de paisajes, pueblos y culturas que hacen que visitarlo pueda resultar una experiencia inolvidable.

Yaundé, su capital, tiene un carácter muy particular dentro de África Central. Tengo una relación de amor-odio con ella. Es conocida como la ‘ciudad de las siete colinas’. También así llamaban a la antigua Roma. Y al igual que la antigua metrópolis, Yaundé se desparrama por ellas. Con sus subidas y bajadas, lo que le da un relieve verde y ondulado. Desde los 1.500 metros de altitud del monte Fébé, se divisa una vista panorámica muy completa de la ciudad y sus colinas. Se llega hasta allí por una pequeña carretera asfaltada, donde las casas, cada vez más dispersas, dan paso a la vegetación. Para completar la excursión se puede visitar el monasterio benedictino que esconde y su museo africano. También, desde el monte Nkol-Nyada, donde se levanta la moderna e impresionante Basílica de María Reina de los Apóstoles, se obtiene una vista muy bonita de Yaundé y sus alrededores. Si se sube hasta allí, por calles más amplias, vale la pena visitar una pequeña iglesia, a la derecha de la gran basílica. Está dedicada a Nuestra Señora de las Victorias. Fue construida por los primeros misioneros alemanes que empezaron a evangelizar la zona a principios del siglo XX. Es la catedral de Yaundé. Un edificio moderno y sobrio, con líneas simples y geométricas con adaptaciones locales que le confieren un estilo muy peculiar y curioso.

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Quizás avistar la ciudad desde lo alto ayude a romper la primera impresión que se pueda tener de ella. No es una megalópolis caótica como otras capitales africanas, sino más bien una ciudad extendida y algo dispersa. Eso no evita que los atascos sean mayúsculos en las horas punta. Y, si además, el presidente del país o algunos de sus familiares decide salir del palacio presidencial, la mayoría de las calles estarán cortadas durante horas obligando a los conductores a imaginar rutas alternativas para llegar a sus destinos.

La mezcla de barrios residenciales modernos, edificios gubernamentales y zonas populares crea un contraste fuerte que es una de las grandes características de la ciudad. Es el centro político y administrativo de Camerún. Alberga la presidencia, ministerios, embajadas y organismos oficiales. A diferencia de Duala (más comercial e industrial), Yaundé es más tranquila, burocrática y académica. La presencia de universidades o centros de investigación le da también un aire cultural e intelectual.

Para tomarle bien el pulso a la ciudad quizás lo mejor es hacer una visita al Marché Mokolo, un lugar caótico pero fascinante, donde se mezclan los sabores, colores y sonidos de Camerún, y donde se entiende la vida popular de Yaundé. Es el mercado más grande de la urbe y uno de los más importantes del país. La gente acude allí a comprar ropa y calzado, especialmente de segunda mano, conocidos como friperie. alimentos frescos, artesanías y objetos cotidianos. Pero también en busca de otros servicios informales, desde sastrerías improvisadas hasta peluquerías en plena calle. El espacio es un verdadero laberinto de pasillos estrechos, techos de chapa y puestos improvisados. Se respira una mezcla de aromas intensos cargados de especies, pescado ahumado, frutas tropicales y humo de los puestos de comida callejera. Cada centímetro está ocupado. Miles de compradores y vendedores acuden allí cada día, por lo que puede ser un poco agobiante para los visitantes, pero es una inmersión en este rincón de la cotidianidad de Yaundé lejos de los lugares más aptos para turistas.

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Una de las cosas que más me atrae de Yaundé es que en cualquier esquina se encuentra un bar donde tomar una cerveza (la 33 export es mi favorita cuando estoy en Camerún) o un puesto donde degustar la gastronomía local: brochetas, plátano frito, pescado a la brasa (para mí, el mejor de toda África, por muy exagerado que parezca).

Las noches de Yaundé también son muy animadas, con bares, música en vivo y restaurantes donde se mezcla lo tradicional con lo moderno. Y hay zonas para todos los gustos. En Bastos, un barrio residencial de trabajadores inmigrantes (ONG y organismos oficiales) y diplomáticos, se encuentran bares de estilo internacional y discotecas modernas.

Cerca está Biyem-Assí, que tiene un ambiente más local, con bares populares en muchos de los cuales se puede escuchar música en vivo. Nlongkak es una de las zonas tradicionales para la vida nocturna. Allí se va, sobre todo, a escuchar música en vivo en sus bares (makossa, bikitsi o rumba congoleña). Mvog-Ada y Mokolo son zonas más populares, con ambiente más local, música a todo volumen y baile hasta la madrugada. Finalmente, la zona de la Avenue Kennedy y sus alrededores congrega a jóvenes y funcionarios en pequeños bares, terrazas y discotecas.

Pero a mí, si me das a elegir un barrio de Yaundé, me quedo con La Briqueterie, conocido  popularmente como La Brique. Uno de los que creo que tienen más personalidad de toda la ciudad. Su nombre proviene de las fábricas de ladrillos que existían en la zona durante la época colonial. Con el tiempo, se convirtió en un barrio popular, muy poblado y multicultural, situado cerca del centro de la ciudad. Tiene una fuerte presencia musulmana, lo que se refleja en sus numerosas mezquitas y en la vida diaria. Cuenta con una atmósfera muy animada y bulliciosa, con calles estrechas, comercios y mercados. Alberga una población muy diversa: camerunesa de varias regiones, pero especialmente del norte del país, y comerciantes de origen chadiano, nigeriano, senegalés y otras partes del Sahel.

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En medio de todo ese maremagno cultural hay gran variedad de cafés y restaurantes populares, e incluso se pueden conseguir unas cervezas frescas. Es toda una experiencia sentarse en alguno de estos locales, especialmente en sus terrazas, para beber una mientras se degusta un plato de soya (brochetas a la plancha), kilinchi (carne cortada muy fina, secada al sol y especiada), pescado a la brasa o la adaptación local de thiéboudiène senegalés.

Sí, Camerún ofrece muchas posibilidades. Es un país digno de explorar. Difícilmente se podrá hacer en un solo viaje por su extensión y diversidad étnica y cultural. Sin embargo, dedicarle un poco de tiempo a su capital, recorrer sus calles, mezclarse con sus gentes, visitar sus museos y degustar todos los aspectos de la vida diaria de los cameruneses en un lugar como Yaundé es una experiencia que no puede dejar indiferente a ningún viajero.

Texto: Chema Caballero
Fotos: Rafa Martín

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