Pueblo Asaita en el Danakil en camello / Toni Espadas.
Disolución o desintegración. Los afar lo tienen claro. Para esta etnia dominante del desierto del Danakil, al noreste de Etiopía, el significado del término Dallol enlaza directamente con el caos. La destrucción.

No es para menos. Dallol, el pequeño punto (por decirlo de alguna manera) que toma prestado el nombre de toda la depresión, es algo más que un espectáculo sublime de colores. Si Salvador Dalí levantara la cabeza quedaría estremecido por esa variedad desordenada de tonalidades. Todo un canto a la imaginación.
Las palabras se quedan cortas para definir lo que algunos consideran como el paisaje más bello de la tierra.

La culpa hay que achacarla a los caprichos de la naturaleza y al influjo de una intensa actividad volcánica. Las entrañas del planeta respiran poderosamente en este caluroso rincón cercano a la frontera eritrea. La historia geográfica, aunque dilatada en el tiempo, debemos estudiarla con detenimiento a partir de 1926. Ese año, las erupciones freáticas crean el volcán Dallol e inundan el salar adyacente.
La acción conjunta, con el vertido al exterior de salmuera y de líquidos ácidos, construyen un yacimiento de ensueño. Los colores anaranjados, amarillentos y verdes están esculpidos por infinidad de manantiales sulfurosos. Como si de un paisaje lunar se tratase, las formaciones rocosas quedan salpicadas por construcciones cónicas y unos sedimentos pegajosos y densos que hacen extraño el caminar cómodo. La acción del óxido de hierro, azufre y sal hacen el resto.

Aunque su acceso no podría denominarse sencillo, Dallol es la joya de la corona para los sentidos en una viaje al siempre exigente Danakil. Rift Valley propone una incursión en la maravilla natural atravesando uno de los desiertos más duros del mundo, con temperaturas que sobrepasaban siempre los 35 grados centígrados.
La ruta, a lomos de un 4 x 4, parte desde Semera y finaliza en Mekele. Desde el primer punto se deja atrás el yacimiento donde la Humanidad se topó con Lucy (¿o fue al revés?). El “australopithecus afarensis” fue el descubrimiento paleontológico que se presentó en 1974 como el ancestro más antiguo del ser humano. El hogar del icono de la evolución nos da paso a explorar, ahora sí, el mundo afar.
Una etnia que se autoconsidera la más antigua de Etiopía y que ocupa, sin duda, la región más inhóspita. Tradicionalmente nómadas, comerciantes y feroces con sus enemigos, los afar guardan con celosía un puñado de sorpresas paisajísticas. La primera es el Erta Ale, un volcán en erupción constante que hace las delicias de los vulcanólogos.

Un buen puñado de kilómetros por trochas y pistas de arena después (donde es imprescindible el hábil manejo de un vehículo todoterreno y la compañía de un experimentado guía), Hamed Ela. Desde este pueblecito puede visitarse el lago Asale (y el esforzado trabajo de los caravaneros de la sal) y Dallol, el espectáculo surrealista del Danakil. A primera hora de la mañana, cuando el calor todavía no se hace insoportable, perderse por la inmensidad de este océano de fantasía, con el único ruido de tus pisadas, evoca a un sueño. Y si, además, eres atrevido, puedes murmurar en voz alta: «Si Dalí levantara la cabeza…».
Texto: Rafa Martín
Fotos: Toni Espadas




Pedro Delojo dice
Visitar Danakil es una experiencia ubica. Y no digamos dormir en la cumbre del volcán Erta Ale. Yo lo repetiría.
Rift Valley dice
Gracias por tus comentarios Pedro. Sin duda es una gran experiencia en el desierto y, sin duda, en la cima del volcán Erta Ale.
ÀNGEL ZAMORA dice
UNES FOTOS PRECIOSES, I UN COMENTARI ENCANTADOR D’AQUEST INFERN QUE ÉS EL DANAKIL. FA MOLTS ANYS QUÈ EL TINC PENDENT!!!
Su dice
Hola,
L’aire es respirable en aquest lloc o s’ha d’anar preparat?
Gracies
Rift Valley dice
Es pot respirar, però s´ha d´anar amb precaució i seguint les consignes del guia. Gràcies pel comentari.