La nueva Addis Abeba

TG y Teshe saludan con efusividad a Haile, Tedros, Mignot y al resto de vecinos del barrio. Tienen suerte. En pleno Meskel Flower, el paisaje urbano no ha cambiado ostensiblemente…de momento. Las viviendas de autoconstrucción, las diminutas casas de patios interiores y los laberínticos senderos internos parecen intactos. Un “rara avis” del centro de Addis Abeba, capital de Etiopía. Insisto…de momento.

La “Nueva Flor” está metamorfoseando su aspecto a pasos agigantados y solo hay que pasearse por las principales arterias de la ciudad para comprobarlo “in situ”.

Y es que, muy cerca del hogar de Teshe y TG, por ejemplo, el kebele de turno (algo así como una suerte de centro cívico donde también se sirve bebida y comida) ya ha anunciado el cierre, en la calle adyacente ya han desaparecido las múltiples minitiendas de productos básicos y en la bacheada acera ya se han postulado operarios para adecuar bordillos y cemento.

Acostumbran a decir por estos lares, que si llevas unos meses fuera de Addis ,cuando regresas descubres otro mundo. Solo hay que remontar Churchil Avenue, acceder a Bole Road desde el aeropuerto (que será sustituido por otro más grande en pocos años) o pasear por Piazza para comprobar el cambio. Los parques (sin nadie, por cierto), las esculturas excelsas y la luminosidad artificial se han adueñado de un lugar donde antes vivía la gente. Los baruchos de Chechenia, las casas de comida local cerca del Baro Hotel o las tienditas de venta de productos religiosos de la antigua sede de la cafetera Tomoca comienzan a ser historia.

La (presunta) modernidad pide paso y los vecinos de siempre son obligados a cambiar el paso; esto es, a marchar al extrarradio. Se remodelan áreas degradadas, se impulsan mejoras significativas en infraestructuras y se adopta una estética más propia de las ciudades del Golfo que de África. El cambio es rápido y visible y, como en todos los casos, hay opiniones para todos los públicos. La capital de la Unión Africana (centro diplomático y comercial del continente) exhibe con orgullo su nuevo traje, mientras los TG y Teshe de turno miran con desconfianza el avance de las máquinas excavadoras. Lo hacen con una mezcla de sumisión y practicismo. Apuran los restos de la cerveza Habesha, dan cuenta de esa injera atestada de verduras y mascullan en voz baja cómo ha cambiado Etiopía. Bueno, Addis Abeba, porque Bahar Dar y su recóndito lago Tana (y la historia de Pedro Páez); Lalibela y sus iglesias excavadas en roca; o Turmi con sus pobladores Hamer, no. De momento…

Texto y fotos: Rafa Martín

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